martes, 4 de septiembre de 2012

música...


Hay momentos en los que sientes que todo está bien. Tu alma está contenta. De repente no importa qué te pasa, ni quién te pasa... La noche tiene un color especial, como la segunda luna de agosto, que brilla redonda y azul en el cielo...y swing, mucho swing...

Una veintena de personas en un concierto íntimo, muy muy personal, que nos transportó lejos durante casi dos horas. Guitarra, violín, contrabajo y un profundo respeto por lo que hacían; no hacía falta más...

Parejas de enamorados, gente que sonríe -porque a la música, cuando te llega al corazón, también se le sonríe-, algunos que cierran los ojos y se imaginan lejos... imágenes pasadas, futuras... encadenadas formando una película maravillosa... y un niño de unos diez años sentado con sus padres que no entiende nada, pero escucha, calla y respeta...

Y raquel..., en un rincón, volviendo a escribir después de mucho tiempo...

Gracias Sweet Almond Swing, por hacerme recordar lo mucho que me cura la música. Vivo rodeada de canciones, pero no las siento; sólo las analizo, las descompongo y trabajo con ellas...

Ayer, después de demasiado tiempo, sentí...

raquel...

lunes, 27 de agosto de 2012



Mi primer blog nació por la necesidad de gritar aquello que no se podía decir; pero las cosas cambiaron, y esa necesidad se mitigó... La verdad es que se creó un rollo muy bueno con la gente que me leía y viceversa; una especie de "comunidad" en la que no importaba nada más allá que los sentimientos puestos en palabras. En los blogs no se juzga: se respeta, se aprende y se comparte.... Así, y cuando el contacto virtual se hizo real, ya no tenía mucho sentido seguir con el blog...

La vida fue pasando (es lo que tiene esa puñetera) y las variables cambiaron hasta darle la vuelta a mi vida. Todo aquello con lo que soñaba entonces se hizo realidad delante de mis ojos: un trabajo que me hace feliz (nada es perfecto, pero todos los días sonrío, y eso ya es mucho), buenos amigos, y una persona que me completa: me quiere, me cuida y respeta mi libertad. Hablamos mucho, nos reímos más, y me ha ayudado a conseguir algo maravilloso: SERENIDAD.

Pero ahora, tres años después, dentro de mí sigue viviendo aquella raquel... que buscaba su sitio. Vuelve a tener ganas de gritar verdades al viento, relatos o pensamientos inconexos en los días en que te gustaría ser otra persona... 

Me alegro de ver a los que ya navegabais por aquí, y bienvenidos a los que no...

raquel...