Hay momentos en los que sientes que todo está bien. Tu alma está
contenta. De repente no importa qué te pasa, ni quién te pasa... La noche tiene
un color especial, como la segunda luna de agosto, que brilla redonda y azul en
el cielo...y swing, mucho swing...
Una veintena de personas en un concierto íntimo, muy muy personal, que
nos transportó lejos durante casi dos horas. Guitarra, violín, contrabajo y un
profundo respeto por lo que hacían; no hacía falta más...
Parejas de enamorados, gente que sonríe -porque a la música, cuando te
llega al corazón, también se le sonríe-, algunos que cierran los ojos y se
imaginan lejos... imágenes pasadas, futuras... encadenadas formando una
película maravillosa... y un niño de unos diez años sentado con sus padres que
no entiende nada, pero escucha, calla y respeta...
Y raquel..., en un rincón, volviendo a escribir después de mucho
tiempo...
Gracias Sweet Almond Swing, por hacerme recordar lo mucho que me cura la
música. Vivo rodeada de canciones, pero no las siento; sólo las analizo, las
descompongo y trabajo con ellas...
Ayer, después de demasiado tiempo, sentí...
raquel...
Que bonito raquel, muchas gracias!!
ResponderEliminar