martes, 4 de septiembre de 2012

música...


Hay momentos en los que sientes que todo está bien. Tu alma está contenta. De repente no importa qué te pasa, ni quién te pasa... La noche tiene un color especial, como la segunda luna de agosto, que brilla redonda y azul en el cielo...y swing, mucho swing...

Una veintena de personas en un concierto íntimo, muy muy personal, que nos transportó lejos durante casi dos horas. Guitarra, violín, contrabajo y un profundo respeto por lo que hacían; no hacía falta más...

Parejas de enamorados, gente que sonríe -porque a la música, cuando te llega al corazón, también se le sonríe-, algunos que cierran los ojos y se imaginan lejos... imágenes pasadas, futuras... encadenadas formando una película maravillosa... y un niño de unos diez años sentado con sus padres que no entiende nada, pero escucha, calla y respeta...

Y raquel..., en un rincón, volviendo a escribir después de mucho tiempo...

Gracias Sweet Almond Swing, por hacerme recordar lo mucho que me cura la música. Vivo rodeada de canciones, pero no las siento; sólo las analizo, las descompongo y trabajo con ellas...

Ayer, después de demasiado tiempo, sentí...

raquel...

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